Capitulo I
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Seguramente todos en alguna etapa de la vida en especial después de los treinta, hacemos un repaso por los años recordando aquellas historias tan especiales y llenas de significados que nos hacen por algunos minutos revalorarnos ubicándonos en la realidad y el deseo.
Para mi no fue grato desenredar todos esos momentos ya que no me es fácil editar recuerdos malos y buenos, todos llegan como pasaron uno a uno desde los mas recónditos en el olvido hasta los que me significaron el gusto de volver a vivirlos aunque sea en mi mente. Y como no quiero que se me recuerde como una persona negativa, amargada, frustrada, rencorosa, malvada e inmoral por supuesto tampoco como un santo, los llevare a un momento sublime al igual que amargo lleno de impotencia pero también de gloria derrotado pero con la esperanza de la utopía más hermosa que tuve siempre.
Fue la navidad mas corta y mas sublime que recuerdo, esa tarde de Diciembre del siglo pasado donde la sensibilidad de mis ojos regreso después de tantos años volví a ver figuras en las nubes como desde niño no lo hacia, fui un ciego tanto tiempo discapacitado del alma e invalido del corazón, también recobre el olfato y el sentido del gusto volví a oír y a hablar, respire oxigeno en suspiros provocados por ella.
Uno de mis mejores amigos se casaba ese día por la iglesia, no fue fácil desde la mañana o mas bien desde la madrugada aunado al desvelo del 24 de Diciembre, aún así el día lo empezamos todos los amigos del novio ayudando a acarrear bancas así como a cortar y enchilar la carne para los tamales de barbacoa ya que en esos compromisos la amistad se demuestra no solo asistiendo a la misa y a la fiesta sino que los verdaderos amigos también formamos parte de la producción de la boda, la ceremonia se celebro en la parroquia de la cabecera municipal de Coyuca de Benítez, templo de estilo entre mediterráneo y abstracto pintado todo de blanco por dentro y fuera, alto desde sus escalinatas hasta la cúpula de un tiro de varias decenas de metros, había mucha gente ya que la familia de mi amigo muy conocida y respetada por aquellos lugares habían invitado a medio municipio, después de terminar de decorar el lugar donde se llevaría a cavo la fiesta a penas nos quedo tiempo de regresar a los barrios a bañarnos y arreglarnos para la celebración, llegamos varias personas en un bocho viejo que tenia mi papá, esperamos unos minutos en la entrada principal del templo respirando un ambiente de desvelo y alegría, claro por mi cuate que en esa tarde anocheciendo eran el y la novia los protagonista absolutos del momento, después de saludar a casi todos los conocidos y una que otra presentación se acerco el novio y con una voz nerviosa pero sincera nos invita a pasar a la iglesia no sin antes preguntarle para romper el hielo y hacerlo entrar en miedo ¿Qué, nervioso? Je je.
Al entrar ala iglesia desde el primer parpadeo mi amigo y su futura mujer dejaron de ser los protagonistas del momento para mi, vi lo mas hermoso que no he podido olvidar hasta hoy de espaldas, piel trigueña apiñonada canela, cabello café lacio y grueso, suelto cortado en capas y con una caída perfecta en su espalda y hombros apenas asomando su cuello de la manera mas sugestiva e intrigante que yo hubiera visto en ninguna mujer, su silueta mas bien las ganas de tocarla las llevo aún en las yemas de mis dedos y en la lengua, sin poder olerla supe que su aroma me excitaría tanto que empecé a pedir perdón a dios por pensar como un ateo en su casa y me dedique a tratar de vencer el hambre de mi mirada que por mas que quise alejarla de su cintura y sus caderas ya no aguanté y cerré los ojos hipócritamente para empezar a imaginármela tal como estaba de tal modo que la lógica me invadió y decidí que no era justo imaginar lo que tenia en la banca de enfrente a solo unos centímetros, abrí los ojos para encontrarme con su mirada intrigada que me barría de arriba abajo y se detuvo en mi rostro como tratando de recordar si me conocía o me confundía.
Termine por querer mirarla pero la pena me gano y tontamente busque con la mirada la pared mas próxima, aún me arrepiento y siempre que veo un muro blanco trato de buscarla alrededor encontrado solo la impotencia de no verla, pero el tiempo no regresa mas que en recuerdos de lo que no se hizo creo que es un castigo, una lección de cobardía. Algo dentro de mi empezó a detonar y cada explosión me parecía tan absurda empezando por no saber siquiera su nombre.
Yo no me lo perdono, pero lo que mas me duele y me intriga es si ella ya me perdonó, la estupidez transformada en indiferencia, mi falta de valor al salir de la fiesta tan temprano olvidando que tenia que regresar a las personas que yo mismo había llevado, me refugie en la llegada de mi papá que venia de la capital enfermo de un preinfarto quedándose a reposar desde la tarde hasta el otro día y pues en honor ala verdad si estaba un poco preocupado y lo puse de pretexto al otro día, cuando las preguntas me hacían ponerme ala defensiva les recordaba que mi padre estaba muy enfermo y que tuve que regresar a cuidarlo o que, ¿es mas importante una boda que mi progenitor enfermo? No, creo que ella nunca me perdonara, una mujer puede perdonar que uno la quiera pero lo que no soporta es la cobardía, o que la cambien por una pared blanca.
Nunca olvidare ese vestido negro y corto tan pegadito, seduciéndome sin querer y esos ojos rasgados orientales decorados con el fleco del cabello que caía desde la frente hasta el terciopelo de sus mejillas. Esa noche los pocos momentos que disfrute de la fiesta de bodas me sentí un poco especial ya que para empezar una chica familiar del novio al verme me dio el abrazo de navidad cosa que la aquella mujer nunca en veintitantos años lo había hecho y otra vez la mirada de la desconocida como tratando de recordar de donde me había visto y según yo como intrigada igual que yo, imaginándome tal vez que ella llego a interesarse un poco en mi.
Germán Diego. 02/01/2004
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